jueves, 18 de agosto de 2016

La Resurreción de Lázaro (Jn. 11,1-44). Tercera parte

3º Jesús y Martha (v.17-27).

17 Habiendo, pues, llegando Jesús encontró que ya tenía cuatro días en el sepulcro. 18 Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios, y muchos de los judíos habían venido a Marta y María para consolarlos por su hermano. 20 Cuando Marta oyó que Jesús venía, le salió al encuentro, mientras María permaneció en la casa.

Después de la muerte de Lázaro,  numerosos judíos de Jerusalén habían ido a Betania, distante quince estadios (tres kilómetros) de la ciudad. Al llegar Jesús, habían ya pasado cuatro días de la muerte de Lázaro. Esto quiere decir que Lázaro murió inmediatamente después de que sus hermanas habían enviado a Jesús la noticia de la enfermedad. El día de camino que hizo el mensajero, más dos días que se quedó Jesús, más el día de camino de Jesús a Betania son los cuatro días del v.17.

Oyó Marta que Jesús venía y salió a su encuentro. El evangelista nota que María estaba en casa; hasta después supo que Jesús estaba allí (v.28). Al llegar Marta a Jesús, se entabla un diálogo que es el centro y la cumbre teológica del relato y descubre por anticipado la significación profunda del "signo" extraordinario que Jesús va a realizar (v.21-27)

21 Dijo, pues, Marta a Jesús: "Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano; 22 pero aún ahora sé que cuanto pidas a Dios, te lo dará."

La palabra de Marta encierra dos pensamientos: 1º expresa, junto con una delicada queja, su certidumbre total en el poder sobrenatural de Jesús (v.21); y 2º la convicción plena de que Dios le seguirá concediendo a Jesús cuanto le pida (v.22). Sin embargo, Marta no llega a formular una petición formal; se detiene en un deseo, en una sugerencia vaga de una cosa que bien podría Jesús hacer, pero que abandona confiadamente a su bondad. Marta, en efecto, estaba al tanto de que Jesús en ocasiones había vuelto a la vida a personas que habían fallecido (Mc 5,41; Lc. 7,14). Pero en este caso, han pasado ya cuatro días.

23 Le dice Jesús: "¡Resucitará tu hermano!"

Frase corta e impactante, capaz de doble sentido, porque Marta comprende, no de una resurreción inmediata, sino de la del último día (Dn 12,2; Mc 12,18; Jn 5,28-29; 6,39-40; Hch 24,15).

24 Le dice Marta: "Sé que resucitará en la resurrección, elúltimo día.  25 Le dijo Jesús: "Yo soy la Resurrección y la vida". El que cree en mí aun cuando muera vivirá, 26 y todo el que vive y cree en mí no morirá eternamente. " ¿Crees esto?

"¡Yo soy la Resurrección y la Vida"! Frase llena de solemnidad y de denso contenido doctrinal. Jesús es "la Resurrección", porque él es "la Vida".  El Padre le ha dado al Hijo tener la vida en sí mismo; y, siendo así, puede vivificar a quien él quiera. Esta es la cumbre teológica del relato. Es la afirmación suprema. Todo lo demás será la consecuencia (cf 4,26; 5,21.26; 6,35.51; 8,12; 10,9-10).

"El que cree en mí, aún cuando muera vivirá..." La muerte es la consecuencia necesaria del pecado. El hombre debe morir. Pero gracias a la fe en Jesús, volverá a la vida, resucitará para no morir más. Este logión, referido a la resurrección futura, puede también mirar, en conexión con el V. 26, a un sentido espiritual, a saber: quien crea en Jesús, aún cuando haya muerto espiritualmente, esto es: gracias a la fe en Jesús volverá espiritualmente a la vida y no morirá jamás, (cf 3,15-16.36; 4,14; 5,24-25.40; 6,40.47-48; 8,51; 10,28)


viernes, 5 de agosto de 2016

5. La resurrección de Lázaro (Jn 11,1-44). Segunda parte

Según un análisis estructural de la narración, el cuadro presenta cinco escenas, cuya cumbre teológica está en el centro: "Yo soy la resurrección y la vida", dice Jesús. La muerte no cuenta más, pues  Jesús, Resurrección y Vida permanece para siempre.

1° Lázaro está enfermo (v.1-6).
Había un enfermo, Lázaro de Betania, de la aldea de María y de Marta su hermana. 2 (María era la que ungió al Señor con perfume y enjugó sus pies con sus cabellos), cuyo hermano Lázaro estaba enfermo. 3 Enviaron, pues, las hermanas a decirle: "Señor, mira, al que amas está enfer­mo". 4 Pero, habiendo oído Jesús, dijo: "Esta enfermedad no es para muerte, sino en vista de la gloria de Dios, para que sea glorificado el Hijo de Dios por ella ". 5 (Amaba Jesús a Marta y a su hermana y a Lázaro). 6 Habiendo, pues, oído que estaba enfermo, sin embargo se quedó en el lugar donde estaba dos días.
El evangelista comienza introduciendo a los tres personajes que entrarán en juego: Lázaro, el enfermo; María y Marta, sus hermanas. Vivían en Betania, la actual El' Azariyeh, aldea al este de Jerusalén, atrás del Monte de los Olivos, donde Jesús se hospedaba cuando visitaba la Ciudad Santa (Mc 11,11; 14,3; Lc 10,38-42).
Un paréntesis anacrónico (v.2) aclara por anticipado la identificación de María como aquella mujer que ungió a Jesús en Betania, seis días antes de la Pascua, en casa de Simón el leproso (Mt 26,6-13; Mc 14,3-9; Jn 12,1-11). María es diferente de la pecadora (Lc 7,38), y también de María la Magdalena (Lc 8,2).
Enviaron, pues, las hermanas de Lázaro un mensaje a Jesús diciendo: "¡Mira, al que amas está enfermo!". Esta frase denota que ellos eran discípulos de Jesús y que un lazo de especial afecto los unía con él. Las hermanas, al proponer su pena, no le piden a Jesús explícitamente un milagro, pero le insinúan delicadamente que venga a intervenir. En la mente del evangelista, Lázaro, a quien Jesús ama, es representante de los cristianos, objeto del amor de Jesús (cf Jn 13,23; 19,26); y así como dará la vida a Lázaro, también la dará a los discípulos que lo amen y lo sigan.
El comentario de Jesús revela de antemano la impor­tancia del milagro (9,3). La enfermedad de Lázaro no terminará en muerte, sino en glorificación de Dios y del Hijo de Dios. La gloria de Dios y la gloria del Hijo no son sino una sola. Si Ja resurrección de Lázaro va a glorificar a Dios y a Jesús, no es sólo por el milagro mismo, sino porque ese prodigio va a desencadenar los motivos que llevarán a Jesús a su muerte y a su resurrección, los cuales constituyen la verdadera glorificación del Padre y del Hijo (12,23-24; 17,1).
A pesar de la noticia, Jesús no subió para curar al enfermo. No era falta de interés, ni menos aún falta de cariño. Juan deja entender veladamente el conocimiento sobrenatural que Jesús tenía de la situación.
2 ª Jesús va a Judea (v.7-16).
7 Luego, después de esto, dice a los discípulos: "Vamos a Judea nuevamente'''. 8 Le dicen los discípulos: "Rabbí, ahora los judíos te querían apedrear y ¿de nuevo vas allá?" 9 Respondió Jesús: "¿Acaso no son doce las horas del día? Si alguno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 pero si alguno camina de noche, tropieza, porque la luz no está en él" 11 Dijo esto, y después de, esto les dice: "Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido, pero voy a despertarlo". 12Dijéronle entonces los discípulos: "Señor, si se ha dormido, será salvo". 13 Jesús había hablado de su muerte, pero ellas pensaron que hablaba del reposo del sueño.
14 Entonces, pues, les dijo Jesús abiertamente: Lázaro murió. 15 Y me alegro por vosotros de no haber estado ahí, para que creáis. Pero, ¡vayamos a él!" 16 Dijo entonces,  Tomás, el llamado Mellizo, a sus condiscípulos: "Vayamos también nosotros para morir con él!".
Los v.7-16, que tratan de la decisión de Jesús de volver a Judea, parecen cubrir dos estratos en la redacción de esta historia, a saber: v.7-10.16 y v 11.15, ambos de sabor netamente juánico.
  Primer estrato: v.7-10.16.
Esta sección que no menciona a Lázaro se une per­fectamente con los capítulos precedentes en que los Ju­díos querían matara Jesús (7,19; 8,59; 10,31.39), y en que Jesús se presentaba como la Luz del mundo (8,12; 9,5). La pequeña parábola del día y de la noche encierra dos ideas:
* La vida de Jesús es como un día de camino, durante el cual debe realizar su misión. No tropezará, esto es, no morirá, mientras no llegue su hora, la noche de su muerte (13,30).
* La segunda idea gira entorno a Jesús mismo. El es la verdadera Luz del mundo (8,12; 9,5). Estar con él es caminar a su luz (12,46). Si alguno se aparta de él entra en la noche y tropezará irremisiblemente, porque "en él no está la luz".
Tomás, sin comprender el alcance de las palabras de Jesús, dice a sus compañeros: "¡Vayamos también nosotros para morir con él!".
  Segundo estrato: v. 11-15.
Esta sección es la secuencia normal del v.6. Pasaron Jos dos días, Jesús dice a sus discípulos: "Lázaro,  nuestro amigo, se ha dormido, pero voy a despertarlo". Palabra de dos sentidos, comprendida por los discípulos del sue­ño natural. Pero Jesús, aclara el evangelista, hablaba del sueño de la muerte. Este juego de sentidos, a doble nivel es clásico en el Cuarto Evangelio (2,20s; 4,15; 6,27s; 7,33-36).
En la expresión "será salvo" (v. 12), Juan deposita dos significados: la recuperación de la vida y la salvación espiritual. En el v.l4 Jesús revela claramente la muerte de Lázaro, y manifiesta la finalidad que tiene de ir allá a volverle la vida: hacer que sus discípulos "crean". La resu­rrección de Lázaro será un argumento decisivo para que los discípulos crean en Jesús y preparen sus mentes para el misterio terrible que se avecina: su muerte; pero a la que seguirá su resurrección gloriosa.
La finalidad que aparecía en el v.4 era la gloria de Dios y del Hijo. Aquí, en el v.15, es "hacer nacer la fe". La gloria y la fe aparecían unidas también en el signo del vino de Cana (2,11).

jueves, 21 de julio de 2016

5. La resurrección de Lázaro (Jn 11,1-44). primera parte

La muerte y resurrección de Lázaro son, en la trama del Cuarto Evangelio, cono el preludio de la muerte y resurrección del mismo Jesús. Este signo portentoso, es sin duda el más grande de los siete narrados por el evangelista en el cuerpo de su obra.
"Jamás había sido narrado en Israel un milagro más extraordinario; jamás la bondad de Jesús se había mani­festado de una manera nás sensible Es una cumbre en que su figura irradia esplendor divino" (M.J.Lagrange).
Según el evangelio de Juan, este gran milagro provo­có la reacción definitiva del Sanedrín que, reunido en sesión formal, determinó dar muerte a Jesús (11,47-53). Además, la impresión profunda causada en el pueblo por este acto fuera de toda expetación estaba todavía fresca en los sentimientos de todos el día de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (129-12).
Sin embargo un gran problema surge a propósito de la resurrección de Lázaro. Si las cosas fueron como las narra Juan, ¿cómo explicar el absoluto silencio que los Sinópticos mantienen en torno a la resurrección de Láza­ro? La tradición sinóptica, en efecto, ignora ese prodigio y en las grandes discusiones de Jesús con saduceos, escri­bas y fariseos, situadas en los días precedentes a su pasión, no aparece la menor alusión a ese acontecimiento.

El problema es serio y real, pero no insoluble.
Para algunos comentadores radicales el problema se soluciona fácilmente, negando la historicidad de tal resu­rrección. En ese caso, la narración de Juan es ficticia, elaborada por el autor con fines teológicos, a saber, ense­ñar que Jesús  es la fuente de la vida, más aún, que él es la Vida. 

Acerca de hipótesis debemos decir que éste sería un camino fácil, siempre que se trate de solucionar difi­cultades reales y graves. Es la negación superficial de todo hecho histórico sorprendente. No comprendo, luego no existió.
Para una posible explicación de la resurrección o de la resuscitación de Lázaro —como alguno prefiere llamar­la— hay que tener en cuenta dos principios.
19 Un dato de la tradición evangélica detallada es que Jesús volvió la vida a la hija de Jairo, narrada por los tres sinópticos (Mt 9,18-26; Mc 5,21-43; Lc 8,40-56); y al hijo de la viuda de Naín (Lc 7,11-16). Ahora bien, Juan en muchos puntos representa una tradición personal e inde­pendiente de la tradición sinóptica, en la que conserva otros hechos y palabras de Jesús, no recogidos por los otros evangelistas. Pues bien, la resurrección de Lázaro bien puede ser uno de esos casos con que Juan completa nuestra tradición evangélica. Así, en la resurrección de Lázaro hay un núcleo histórico de base.
2° Por otro lado, es bien sabido que Juan teologiza profundamente sobre las obras realizadas por Jesús (cf 5,1-47; 6,1-58; 9,1-41). La razón de esto es que para el evangelista "las obras" no son únicamente hechos, sino "signos" que encierran un sentido profundo y que proyec­tan un mensaje. En este descubrir y repensar a la luz del Espíritu las obras de Jesús está el genio y la obra personal del evangelista.
En esta forma, Juan supo explotar el acontecimiento significativo de la resurrección de Lázaro:

Iº Viendo en él el anuncio de la propia muerte y resurrección de Jesús; y de allí su presentación altamente teológica, cuya cumbre está en los v.25-26.

2° Subrayando la conexión que tal prodigio tuvo en la determinación del Sanedrín para dar muerte a Jesús (v.45-53).