jueves, 29 de septiembre de 2016

Aparición de Jesús y la pesca milagrosa (Jn 21,1-14) (2a.parte)

4  En la playa (v.9-14).
9 Cuando descendieron a tierra, ven puestas unas brasas y un pez sobre ellas y pan.10 Díceles Jesús: "Traed los peces
que cogisteis ahora". 11 Subió entonces Simón-Pedro y sacó la red a la tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, siendo tantos, no se rompió la red.
A primera vista, el relato ofrece solamente el recuer­do de un gran prodigio. Pero, en la mente de Juan, esa pesca milagrosa es un poderoso y elocuente "signo", a la manera de los siete que ha consignado en la primera parte de su evangelio.
¿Cuál es el simbolismo que allí se encierra? Este brota del análisis de los elementos del relato, y éstos son tres: Simón-Pedro, los ciento cincuenta y tres peces, y la red que no se rompió.
a)  Simón-Pedro es el personaje principal.
El hizo la invitación de ir a pescar y él vigiló el trabajo nocturno; ahora él dirige la faena, se arroja al mar y saca la red con los pescados capturados.
b)  Los ciento cincuenta y tres grandes peces.
Ante todo, son peces buenos que valen la pena, pues se les llama "grandes". Y a la calidad se añade la cantidad. En la cifra ciento cincuenta y tres debe esconderse con toda probabilidad un simbolismo, pero que no es fácil descifrar. Entre muchas y diferentes hipótesis, he aquí dos posibilidades:
   Los zoólogos griegos decían que 153 eran todas las clases de peces. Es pues, una cifra símbolo de totalidad.

   Por otra parte, la cifra 153 es la suma de los 17 primeros números: 1+2+3+4+5+6+7+8+9+10+11+12+13+14+15+16+17 = 153. Y 153 puntos se pueden acomodar en forma de un triángulo equilátero con 17 puntos en las líneas base. Es, pues, un número de especial interés geo­métrico, un número triangular, a partir del número uno hasta el 17, número primo. Es una figura geométrica que indica cohesión, totalidad, plenitud y perfección. No cabe un punto más. Además, 17 es la suma de los cinco panes.
y los doce canastos de fragmentos recogidos cuando la multiplicación de los panes.
c) La red es única y no se rompió.
En el relato de la pesca milagrosa que ofrece Lucas, las redes se rompían y las barcas eran dos (Lc  5,6-7).
El simbolismo encerrado en este signo de la "pesca milagrosa" en san Juan parece ser: La gran pesca espiritual que los discípulos harán en el próximo futuro. Será una pesca posible, porque intervendrá Jesús: sin él nada es posible (Jn 15,5). Será una pesca bajo la dirección de Simón-Pedro. Será una pesca universal; por eso es capturado un pez de cada especie. Será una pesca perfecta y única; por eso es una red y no se rompe. Una de las notas de la Iglesia es "ser una". Sobre la pesca futura de ­los tiempos mesiánicos había hablado Ezequiel y el mismo Jesús (Ez 47,10; Mt 13,47-48).
12 Díceles Jesús: "¡Ea, comed!". Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿ Quién eres tú?, sabiendo que era el Señor. 17 Viene Jesús y toma el pan y se lo da, e igualmente el pez.
Después del prodigio, los discípulos han abierto los ojos de su espíritu y reconocen al Señor. Sin embargo, ese Señor-Jesús, aun cuando es el mismo que conocieron, da la impresión de ser ahora diferente, de ser de otro mundo.
Jesús los invita a comer. Pero hay un detalle curioso. Sólo les ofrece del pez y del pan que él mismo había preparado. ¿Qué" ha pasado con los peces capturados que él les había ordenado traer? La escena sufre, en este-detalle, una ruptura; y era el momento crucial: ¡gozar de los peces ahora mismo capturados!
La solución puede ser ésta:
a) Los peces capturados simbolizan los futuros cre­yentes conquistados para la fe. Por lo tanto, en el "signo" esos peces no están destinados a la manducación. Se diría que la orden de Jesús de traer de los peces es para que también ellos, como creyentes, participen del banquete que Jesús va a ofrecer.
b) Al darles Jesús del pan y del pez que él había preparado, la escena toma otra dirección. Todo comienza a desarrollarse en un ambiente eucarístico, que recuerda la multiplicación de los panes, en la que cinco mil hom­bres fueron alimentados con cinco panes y algunos pececillos, y los discípulos recogieron doce cestos de fragmentos (Mc 6,34-44). Esta eucaristía es como la cele­bración epifánica del Señor resucitado.
En la primitiva iconografía eucarística el pescado sustituye con frecuencia al vino. Sin embargo, no consta que el pescado haya formado alguna vez la materia del sacramento.
El evangelista concluye su relato, escribiendo: "Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos, resucitado de entre los muertos" (v.14).

ACTUALIZACION

Señor Jesús: 
Queremos trabajar en la barca de tu Iglesia para conquistar hombres para el Reino de los Cielos.
 Deseamos realizarlo bajo la dirección de tu Vicario, el Sumo Pontífice.
Guíanos tú, Señor, en esta noble tarea y en esta entusiasmante empresa, pues "sin ti nada podemos hacer". 
Dinos hacia dónde hay que lanzar nuestras redes. Recibe nuestro humilde trabajo y particípanos de tu fecundidad.

Danos mirada limpia para reconocerte, e invítanos a tu mesa para participar en el banquete eucarístico que mismo nos has preparado. ¡Jesús, bendito seas!

jueves, 15 de septiembre de 2016

Aparición de Jesús y la pesca milagrosa (Jn 21,1-14).

El capítulo 21 del evangelio de Juan es considerado como un apéndice a la obra. La narración presenta una estructura característica del Cuarto Evangelio, por lo cual la autenticidad juánica está fuera de discusión.
Sin embargo, este acontecimiento presenta un deli­cado problema de crítica literaria e histórica, debido a las semejanzas que existen entre este pasaje del evangelio de Juan y la pesca milagrosa narrada por Lucas en 5,1-10. Los estudios críticos invitan a mantener el hecho como un acontecimiento postpascual ya ver en el relato lucano una cristofanía, colocada anticipadamente como una narra­ción vocacional.
En el relato podemos descubrir una estructura en cuatro escenas.
1 En el mar de Tiberías (v.1-3).
21.1 Después de esto, se manifestó de nuevo Jesús a los discípulos en el mar de Tiberías. Se manifestó así. 2 Estaban juntos Simón-Pedro y Tomás, el llamado Mellizo, y Natanael de Caná de Galilea, y los dos hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. 3Díceles Simón-Pedro: "Voy a pescar”. Dícenle: "Vamos también nosotros contigo". Salieron y subieron a la barca y en aquella noche nada cogieron
El mar de Calilea, así como había sido el teatro de la primera actividad de Jesús (Mc 1,16-20), es ahora el lugar de la última aparición de Jesús a sus discípulos en el evangelio de san Juan. Siete discípulos se encuentran reunidos: Simón-Pedro, Tomás, Natanael, Santiago, Juan y otros dos anónimos. A iniciativa de Pedro van a pescar. Han pasado la noche en la tarea, pero sin resultado alguno.
Varias consideraciones:
a)   El evangelista no había dicho cuándo regresaron de Jerusalén esos discípulos, ni por qué se encuentran ahora reunidos en Galilea. Lo que le interesa es contar que fueron a pescar, pero que nada lograron.
b)  ¿Habían y a vuelto los discípulos a su antiguo trabajo? o ¿estarían todavía esperando algo de Jesús, que había muerto, pero a quien han visto vivo en algunas ocasiones?

c) El número de discípulos es siete. No sería extraño que el evangelista haya querido ver un simbolismo en esa cifra. Juan no desaprovecha las oportunidades, y ésta puede ofrecerle un detalle elocuente. El siete simboliza perfección, plenitud, totalidad. Además, Simón Pedro es el dirigente del pequeño grupo. Es ya como una iglesia en miniatura: allí está Simón-Pedro, hay representantes de los Doce, y también se encuentran otros discípulos.
29 La pesca milagrosa (v.4-6).
4 Siendo ya de mañana, se presentó Jesús en la ribera. Sin embargo, no sabían los discípulos que era Jesús. ' Díceles Jesús: "Muchachos, ¿no tenéis algo que comer? Le respondieron: "No". 6 Pero él les dijo: "Lanzad la red hacia la parte derecha de la barca y encontraréis ". Lanzáronla, pues,y ya no podían jalarla por la multitud de los peces.

El estilo teológico de Juan se revela en la frase "no sabían que era Jesús". Como María Magdalena, ahora los discípulos no reconocen a Jesús (20,14). María lo recono­ció por una palabra: "¡Mariám!", ahora el discípulo a quien Jesús ama lo reconocerá por un prodigio.
Para reconocer a Jesús, que ya no es de este mundo, pero que vive y ha subido a su Padre, se requiere siempre una superación en el orden del conocimiento. Jesús resu­citado sólo puede ser objeto de fe. Sin embargo, un detalle de tipo sensible, que bondadosamente él quiera dar, pue­de servir de instrumento y punto de partida para subir al nivel de la fe.
La pregunta del desconocido: "¿No tenéis algo que comer? "suponía ya una respuesta negativa; pero a la suge­rencia de aquel hombre, los pescadores acceden con sencillez y lanzan la red. La pesca resultó tan prodigiosa, que no podían jalar la red a causa de la multitud de peces.
3° "¡Es el Señor!" (v.7-8).
7 Dice luego a Pedro el discípulo aquel a quien amaba Jesús: "¡Es el Señor!". Entonces Simón-Pedro, habiendo oído que era el Señor, se puso su vestido, pues andaba desnudo, y se arrojó al mar. 8 Los otros discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red de los peces, pues no estaban lejos de la tierra, sino como a doscientos codos.
Nuevamente aparecen aquí Simón y el discípulo a quien Jesús ama (Jn 13,23; 20,2). Aquel se caracteriza por su impetuosidad y su entrega; éste por su fina e intuitiva percepción de Jesús. Simón-Pedro se lanza al mar querien­do llegar cuanto antes a donde estaba Jesús. Al discípulo amado le basta una sola mirada y conoce por intuición que es el Señor. La barca estaba a unos 90 metros de distancia.

jueves, 1 de septiembre de 2016

La Resurreción de Lázaro (Jn. 11,1-44). Última parte parte

27 “Dícele: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que ha de venir al mundo”.

La confesión de Marta denota una fe ya de tiempo, como la de Pedro (6,69), no como la del ciego de nacimiento que empieza a creer ((9,38). Marta da a Jesús tres títulos: “el Mesías, el Hijo de Dios, y el que viene al mundo”. Tres títulos que encontramos en Jn 1, 41.49; 6,14. Sin embargo, no ha llegado a comprender profundamente que si Jesús se ha proclamado “La Resurrección y la Vida” puede, en estos mismos momentos, producir vida. Esto se verá claro en la reacción de Marta: “Señor, ya huele mal….(v.39).
Marta, pues, como otros personajes del Cuarto Evangelio, permanece en un nivel de incomprensión respecto de la palabra de Jesús en su sentido más profundo (cf. 3,4; 4,11.15; etc.

4º Jesús y María (v.28-37).

28 Y habiendo dicho esto, se fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: “El Maestro está aquí y te llama.” 29 Ella, así que oyó, se levantó rápidamente y fue hacia él. 30 (Todavía no había llegado Jesús a la aldea, sino que estaba aún en el lugar donde Marta le salió al encuentro).

31 Los judíos, pues, que estaban con ella en la casa y que la consolaban, viendo que María se había levantado rápidamente y que había salido, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí.

32 Así que María llegó a dónde estaba Jesús, al verlo cayó a sus pies, diciéndole: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Entonces Jesús, así que la vió llorar, y llorar a los judíos que venían con ella, se conmovió en su espíritu y se turbo, 34 y dijo: “¿Dónde lo habeís puesto? “ Le dicen: Señor, ven a ver”. 35 Lloró Jesús. Decían, pues los judíos: “¡Mirad cómo lo amaba! 37 Pero alguno de ellos dijeron:”¿No podría éste que abrió los ojos del ciego hacer también que éste no muriera?

La escena corre llana y natural. María, a los pies de Jesús, recuerda el cuadro de Lucas 10,39 y Jn. 12,3. La Palabra de María es un duplicado de la de Marta. Los v.33 y 35 manifiestan a Jesús en la sencilla y conmovedora realidad de sus sentimientos humanos. Sufre el contagio del dolor y de la pena, y se conmueve ante un sufrimiento moral como es la muerte de una persona a quien se ama entrañablemente.

“Jesús lloró”. Frase corta, pero plena de sentimiento. Calladamente brotan las lágrimas de los ojos de Jesús. No es un llanto clamoroso. Los judíos comentan: “¡Mirad cómo lo amaba! “ . Algunos, conociendo ya más a Jesús, se preguntaban: :”¿No podría éste que abrió los ojos del ciego hacer también que éste no muriera?

5º Lázaro muerto a la vida (v38-44)

38 Jesús, pues, nuevamente conmovido en sí mismo, viene al sepulcro. Era una cueva, y una piedra estaba puesta sobre ella. 39 Dice Jesús: “!Quitad la piedra! Dícele Marta, la hermana del difunto: “Señor, ya huele mal, pues es el cuarto día. 40 Dícele Jesú:  ¿No te dije que, si crees, verás la gloria de Dios?

41 Quitaron, pues la piedra. Y  Jesús levantó los ojos hacia arriba, y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has oído. 42 Yo sabía que siempre me oyes, pero por la muchedumbre que está presente lo he dicho, para que crean que tú me has enviado!”.

43 Y habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, acá, fuera!” Salió el muerto atado con vendas los pies y las manos, y su rostro estaba envuelto con un sudario. Díceles Jesús: “¡Desatádlo y déjadlo ir.

Jesús llega al sepulcro. Nueva conmoción humana. El sepulcro era una cueva y una loza lo cerraba. Jesús ordena: “¡Quitad la piedra!. Marta observa: “Señor, ya huele mal, pues es el cuarto día”. Ante la terrible realidad del cadáver descompuesto, Marta no piensa en la posibilidad de la resurrección. Las palabras enigmáticas del Señor no le habían hecho comprender que él iba a intervenir aquí y ahora para devolverle la vida a su hermano.

Jesús replica: :  ¿No te dije que, si crees, verás la gloria de Dios? Alusión a la fe y llamado a creer . La gloria (en hebreo “kabod” y en griego “doxa”). Es la manifestación sensible de la presencia omnipotente de Dios. El tema de la gloria engloba, en inclusión semítica, todo el relato. En efecto, ya Jesús le había dicho al mensajero: “Esta enfermedad no es de muerte, sino para la gloria de Dios, para que sea glorificado el Hijo de Dios por ella (v.4). Y a Marta le había revelado que él era la Resurrección y la Vida.

Pues bien, ha llegado el momento de actuar para la glorificación del Padre y del Hijo. Quitán la piedra. Jesús eleva sus ojos al cielo para orar. Nada le pide a Dios. El Padre conoce ya, desde siempre, lo que hay en el corazón de su Hijo. Sólo hay necesidad de alabar y dar las gracias.

En la breve oración que Jesús dirige filialmente a su Padre, brilla con esplendor la unión de voluntades que existe entre los dos. “¡Para que crean que tú me has enviado..! Las obras de Jesús le son dadas por el Padre para que los hombres crean que él es el Enviado de Dios (5.30.36; 9.3; 10,32.37)

Jesús no reclama nada para sí, todo lo ordena a su Padre: ¡Que él sea glorificado y que se reconozca su obre de vida al haber enviado a su Hijo al mundo! La certidumbre de que su oración es escuchada no debe ser solamente privilegio de Jesús sino también del verdadero discípulo que ora en su Nombre (Jn. 14,13-16; Mt.7,7-11; Mc.11,24; etc.)

Habiendo terminado su oración, Jesús con fuerte voz gritó ¡Lázaro, acá, fuera!”. Y salió el muerto con vendas en los pies y manos, y envuelto su rostro con un sudario. Y Jesús le dijo: “¡Soltádlo y déjadlo ir!” 

La narración termina abruptamente aquí sin dar más detalles. Con esa brevedad impresionante, Juan quiere inculcar una vez más lo esencial: Jesús es la Vida. Y el hecho de haber dado la vida física a Lázaro, es un “signo” sensible por anticipado de que él mismo dará y recuperará su propia vida (Jn.10,17-18), de que puede comunicar a los hombres “vida eterna” en este mundo, y de que podrá volverlos a la vida física por la resurrección, en el último día (5,19-30; 6.39.40.44.54).


ACTUALIZACIÓN

¡Oh Jesús, amigo mío! Ya sé que me amas.
Heme aquí delante de ti, semejante a Lázaro,
espiritualmente enfermo o muerto.
Ven, glorifica a tu Padre, y glorifícate a ti mismo, salvándome.
Tú eres la luz de la vida.
Líbrame, Señor, de este letargo prolongado
y profundo en que me encuentro
Despiértame de este terrible sueño de muerte.
Tú eres, Jesús; “la Resurrección y la Vida”.
Resucítame y comunícame vida eterna.
Yo creo en ti, y sé que, aun cuando haya muerto, viviré.
Contigo, no moriré eternamente.



jueves, 18 de agosto de 2016

La Resurreción de Lázaro (Jn. 11,1-44). Tercera parte

3º Jesús y Martha (v.17-27).

17 Habiendo, pues, llegando Jesús encontró que ya tenía cuatro días en el sepulcro. 18 Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios, y muchos de los judíos habían venido a Marta y María para consolarlos por su hermano. 20 Cuando Marta oyó que Jesús venía, le salió al encuentro, mientras María permaneció en la casa.

Después de la muerte de Lázaro,  numerosos judíos de Jerusalén habían ido a Betania, distante quince estadios (tres kilómetros) de la ciudad. Al llegar Jesús, habían ya pasado cuatro días de la muerte de Lázaro. Esto quiere decir que Lázaro murió inmediatamente después de que sus hermanas habían enviado a Jesús la noticia de la enfermedad. El día de camino que hizo el mensajero, más dos días que se quedó Jesús, más el día de camino de Jesús a Betania son los cuatro días del v.17.

Oyó Marta que Jesús venía y salió a su encuentro. El evangelista nota que María estaba en casa; hasta después supo que Jesús estaba allí (v.28). Al llegar Marta a Jesús, se entabla un diálogo que es el centro y la cumbre teológica del relato y descubre por anticipado la significación profunda del "signo" extraordinario que Jesús va a realizar (v.21-27)

21 Dijo, pues, Marta a Jesús: "Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano; 22 pero aún ahora sé que cuanto pidas a Dios, te lo dará."

La palabra de Marta encierra dos pensamientos: 1º expresa, junto con una delicada queja, su certidumbre total en el poder sobrenatural de Jesús (v.21); y 2º la convicción plena de que Dios le seguirá concediendo a Jesús cuanto le pida (v.22). Sin embargo, Marta no llega a formular una petición formal; se detiene en un deseo, en una sugerencia vaga de una cosa que bien podría Jesús hacer, pero que abandona confiadamente a su bondad. Marta, en efecto, estaba al tanto de que Jesús en ocasiones había vuelto a la vida a personas que habían fallecido (Mc 5,41; Lc. 7,14). Pero en este caso, han pasado ya cuatro días.

23 Le dice Jesús: "¡Resucitará tu hermano!"

Frase corta e impactante, capaz de doble sentido, porque Marta comprende, no de una resurreción inmediata, sino de la del último día (Dn 12,2; Mc 12,18; Jn 5,28-29; 6,39-40; Hch 24,15).

24 Le dice Marta: "Sé que resucitará en la resurrección, elúltimo día.  25 Le dijo Jesús: "Yo soy la Resurrección y la vida". El que cree en mí aun cuando muera vivirá, 26 y todo el que vive y cree en mí no morirá eternamente. " ¿Crees esto?

"¡Yo soy la Resurrección y la Vida"! Frase llena de solemnidad y de denso contenido doctrinal. Jesús es "la Resurrección", porque él es "la Vida".  El Padre le ha dado al Hijo tener la vida en sí mismo; y, siendo así, puede vivificar a quien él quiera. Esta es la cumbre teológica del relato. Es la afirmación suprema. Todo lo demás será la consecuencia (cf 4,26; 5,21.26; 6,35.51; 8,12; 10,9-10).

"El que cree en mí, aún cuando muera vivirá..." La muerte es la consecuencia necesaria del pecado. El hombre debe morir. Pero gracias a la fe en Jesús, volverá a la vida, resucitará para no morir más. Este logión, referido a la resurrección futura, puede también mirar, en conexión con el V. 26, a un sentido espiritual, a saber: quien crea en Jesús, aún cuando haya muerto espiritualmente, esto es: gracias a la fe en Jesús volverá espiritualmente a la vida y no morirá jamás, (cf 3,15-16.36; 4,14; 5,24-25.40; 6,40.47-48; 8,51; 10,28)


viernes, 5 de agosto de 2016

5. La resurrección de Lázaro (Jn 11,1-44). Segunda parte

Según un análisis estructural de la narración, el cuadro presenta cinco escenas, cuya cumbre teológica está en el centro: "Yo soy la resurrección y la vida", dice Jesús. La muerte no cuenta más, pues  Jesús, Resurrección y Vida permanece para siempre.

1° Lázaro está enfermo (v.1-6).
Había un enfermo, Lázaro de Betania, de la aldea de María y de Marta su hermana. 2 (María era la que ungió al Señor con perfume y enjugó sus pies con sus cabellos), cuyo hermano Lázaro estaba enfermo. 3 Enviaron, pues, las hermanas a decirle: "Señor, mira, al que amas está enfer­mo". 4 Pero, habiendo oído Jesús, dijo: "Esta enfermedad no es para muerte, sino en vista de la gloria de Dios, para que sea glorificado el Hijo de Dios por ella ". 5 (Amaba Jesús a Marta y a su hermana y a Lázaro). 6 Habiendo, pues, oído que estaba enfermo, sin embargo se quedó en el lugar donde estaba dos días.
El evangelista comienza introduciendo a los tres personajes que entrarán en juego: Lázaro, el enfermo; María y Marta, sus hermanas. Vivían en Betania, la actual El' Azariyeh, aldea al este de Jerusalén, atrás del Monte de los Olivos, donde Jesús se hospedaba cuando visitaba la Ciudad Santa (Mc 11,11; 14,3; Lc 10,38-42).
Un paréntesis anacrónico (v.2) aclara por anticipado la identificación de María como aquella mujer que ungió a Jesús en Betania, seis días antes de la Pascua, en casa de Simón el leproso (Mt 26,6-13; Mc 14,3-9; Jn 12,1-11). María es diferente de la pecadora (Lc 7,38), y también de María la Magdalena (Lc 8,2).
Enviaron, pues, las hermanas de Lázaro un mensaje a Jesús diciendo: "¡Mira, al que amas está enfermo!". Esta frase denota que ellos eran discípulos de Jesús y que un lazo de especial afecto los unía con él. Las hermanas, al proponer su pena, no le piden a Jesús explícitamente un milagro, pero le insinúan delicadamente que venga a intervenir. En la mente del evangelista, Lázaro, a quien Jesús ama, es representante de los cristianos, objeto del amor de Jesús (cf Jn 13,23; 19,26); y así como dará la vida a Lázaro, también la dará a los discípulos que lo amen y lo sigan.
El comentario de Jesús revela de antemano la impor­tancia del milagro (9,3). La enfermedad de Lázaro no terminará en muerte, sino en glorificación de Dios y del Hijo de Dios. La gloria de Dios y la gloria del Hijo no son sino una sola. Si Ja resurrección de Lázaro va a glorificar a Dios y a Jesús, no es sólo por el milagro mismo, sino porque ese prodigio va a desencadenar los motivos que llevarán a Jesús a su muerte y a su resurrección, los cuales constituyen la verdadera glorificación del Padre y del Hijo (12,23-24; 17,1).
A pesar de la noticia, Jesús no subió para curar al enfermo. No era falta de interés, ni menos aún falta de cariño. Juan deja entender veladamente el conocimiento sobrenatural que Jesús tenía de la situación.
2 ª Jesús va a Judea (v.7-16).
7 Luego, después de esto, dice a los discípulos: "Vamos a Judea nuevamente'''. 8 Le dicen los discípulos: "Rabbí, ahora los judíos te querían apedrear y ¿de nuevo vas allá?" 9 Respondió Jesús: "¿Acaso no son doce las horas del día? Si alguno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 pero si alguno camina de noche, tropieza, porque la luz no está en él" 11 Dijo esto, y después de, esto les dice: "Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido, pero voy a despertarlo". 12Dijéronle entonces los discípulos: "Señor, si se ha dormido, será salvo". 13 Jesús había hablado de su muerte, pero ellas pensaron que hablaba del reposo del sueño.
14 Entonces, pues, les dijo Jesús abiertamente: Lázaro murió. 15 Y me alegro por vosotros de no haber estado ahí, para que creáis. Pero, ¡vayamos a él!" 16 Dijo entonces,  Tomás, el llamado Mellizo, a sus condiscípulos: "Vayamos también nosotros para morir con él!".
Los v.7-16, que tratan de la decisión de Jesús de volver a Judea, parecen cubrir dos estratos en la redacción de esta historia, a saber: v.7-10.16 y v 11.15, ambos de sabor netamente juánico.
  Primer estrato: v.7-10.16.
Esta sección que no menciona a Lázaro se une per­fectamente con los capítulos precedentes en que los Ju­díos querían matara Jesús (7,19; 8,59; 10,31.39), y en que Jesús se presentaba como la Luz del mundo (8,12; 9,5). La pequeña parábola del día y de la noche encierra dos ideas:
* La vida de Jesús es como un día de camino, durante el cual debe realizar su misión. No tropezará, esto es, no morirá, mientras no llegue su hora, la noche de su muerte (13,30).
* La segunda idea gira entorno a Jesús mismo. El es la verdadera Luz del mundo (8,12; 9,5). Estar con él es caminar a su luz (12,46). Si alguno se aparta de él entra en la noche y tropezará irremisiblemente, porque "en él no está la luz".
Tomás, sin comprender el alcance de las palabras de Jesús, dice a sus compañeros: "¡Vayamos también nosotros para morir con él!".
  Segundo estrato: v. 11-15.
Esta sección es la secuencia normal del v.6. Pasaron Jos dos días, Jesús dice a sus discípulos: "Lázaro,  nuestro amigo, se ha dormido, pero voy a despertarlo". Palabra de dos sentidos, comprendida por los discípulos del sue­ño natural. Pero Jesús, aclara el evangelista, hablaba del sueño de la muerte. Este juego de sentidos, a doble nivel es clásico en el Cuarto Evangelio (2,20s; 4,15; 6,27s; 7,33-36).
En la expresión "será salvo" (v. 12), Juan deposita dos significados: la recuperación de la vida y la salvación espiritual. En el v.l4 Jesús revela claramente la muerte de Lázaro, y manifiesta la finalidad que tiene de ir allá a volverle la vida: hacer que sus discípulos "crean". La resu­rrección de Lázaro será un argumento decisivo para que los discípulos crean en Jesús y preparen sus mentes para el misterio terrible que se avecina: su muerte; pero a la que seguirá su resurrección gloriosa.
La finalidad que aparecía en el v.4 era la gloria de Dios y del Hijo. Aquí, en el v.15, es "hacer nacer la fe". La gloria y la fe aparecían unidas también en el signo del vino de Cana (2,11).